Mi proyecto «Rothko-Chelas» es una exploración de lo sublime en lo cotidiano. ¿Qué
sucede cuando una cerveza mexicana, un objeto de consumo masivo, efímero y
profundamente cultural es reinterpretada a través de la lente del expresionismo
abstracto de Mark Rothko?
Las latas de cerveza en mi obra funcionan como campos de color puro al estilo
Rothko, donde la superficie metálica – ya sea el dorado industrial de una Corona o el
azul eléctrico de una Tecate light se convierte en un espacio contemplativo. Al
descontextualizar estos objetos cotidianos y presentarlos como composiciones
abstractas, transformo su identidad comercial en experiencias sensoriales: las
interpretaciones de los logos se reducen a franjas cromáticas que vibran con
intensidad emocional. Estas piezas proponen que incluso el envase más mundano
puede alcanzar la trascendencia cuando se le observa con la misma intensidad con
que Rothko nos invitaba a mirar sus lienzos no como objetos, sino como portales a
lo sublime.
Barnett Newman hablaba de lo sublime en el arte como una experiencia fronteriza.
Mis latas partidas son ese límite: entre lo lleno y lo vacío, entre lo efímero (la
bebida) y lo eterno (el gesto pictórico). Retomo la fascinación del arte pop por elevar
objetos cotidianos a la categoría de iconos. Una sola cerveza en el lienzo ya no es
un producto: es un símbolo de identidad, de rituales compartidos, de memoria
colectiva. La elección de marcas mexicanas (Modelo, Pacífico, Tecate) no es casual:
son cromatismos culturales, códigos visuales que todo mexicano reconoce.

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